• Bárbara Virginia Peñaloza

Voto electrónico en Mendoza


Por más que Santa Rosa es sólo una pequeña fracción de Mendoza, sus 13.000 electores le dieron una lección a toda la provincia. Por primera vez, se implementó el voto electrónico en el territorio provincial y más allá de que tres máquinas fallaron, el ensayo resultó exitoso. No solo por la celeridad para dar a conocer los resultados, sino porque le puso fin a viejas mañas como el robo de boletas o el voto cadena.

Durante años, este tipo de prácticas han opacado el acto democrático por excelencia: el sufragio. Y el voto electrónico aparece como una oportunidad para terminar con ellas.

Varios mitos se derribaron el último domingo en localidades como Las Catitas, La Dormida o Ñacuñán. El primero, la dificultad que supuestamente representa para los adultos mayores el voto electrónico. En Santa Rosa quedó demostrado que jóvenes y adultos pueden realizar la operación sin complicaciones.

"Se dijo que Santa Rosa es un departamento que no estaba del todo bancarizado, y donde muchas personas ni siquiera tienen internet. Sin embargo, la gente votó con naturalidad y comodidad. Creo que los prejuicios a veces nos han jugado en contra", aseveró el gobernador Alfredo Cornejo desde el búnker de Norma Trigo.

El segundo mito, es la posibilidad de fraude a través de la manipulación de los sistemas informáticos. A pedido del PJ, hubo mesas en las que el conteo se realizó de forma manual para certificar los resultados. Para eso está la constancia papel y cumplió su objetivo.

Pero la experiencia también sirvió para terminar con las desigualdades entre partidos. La reposición de boletas dejó de ser un problema para las agrupaciones menores, que padecen en cada elección la falta de fiscales para garantizar que los nombres de sus candidatos estén en el cuarto oscuro.

Permitió terminar con la sustracción de boletas, con el voto armado. Garantiza que cada ciudadano elija a los candidatos que quiere, de forma secreta, y sin que se lo impongan desde afuera. Terminó con las impugnaciones y denuncias cruzadas. Todo voto emitido fue válido y ningún partido se quejó por el mal accionar de su adversario.

Si bien no se trata de un sistema perfecto, sobre todo por el costo económico que implica, no hay dudas de que es un paso al frente. Es la manera de dejar atrás un sistema antiguo que ha servido para perpetuar vicios a los que muchos dirigentes políticos se han acostumbrado. "El hecho de que haya funcionado bien nos permite usarlo con asiduidad. Es un proceso caro, con un costo alto, pero da tranquilidades", dijo Cornejo.

El fin de las colectoras, de las listas sábana. Un golpe a los punteros, un salto de transparencia. Está bien que haya críticas y que se pelee por un sistema mejor. Es necesario detectar las imperfecciones y subsanarlas. Pero avanzando. A veces, da la impresión de que esas quejas tienen el único objetivo de mantener las cosas como están.


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